Paterna: Flamenca y Cantaora

Hoy en día es un hecho prácticamente aceptado por la mayoría de los investigadores del flamenco que el cante por Peteneras tiene su origen en Paterna de Rivera (Cádiz). Pero Paterna no solo es la Cuna de la Petenera; el cante flamenco es una de sus principales manifestaciones culturales, tan arraigado entre su gente, que ha dado todo un elenco de importantes cantaores de renombrada fama. Y es que el Flamenco y la Petenera son señas de identidad cultural de este blanco pueblo gaditano.

Desde su fundación, “El Alcaucil”, en su afán por recuperar el rico acervo cultural de nuestro pueblo, ha venido desarrollando numerosas actividades en torno al cante, la petenera y la promoción de artistas y aficionados locales. Continuando esta labor de difusión y promoción esta asociación pretende ahora abrir este espacio dedicado al flamenco en Paterna con especial interés en sus cantaores y al cante que le da fama, la Petenera.



17/9/08

XXXV CONGRESO INTERNACIONAL DE ARTE FLAMENCO. C A D I Z, 2007

Extracto de la Ponencia del Profesor y Cantaor Alfredo Arrebola que con el título "EL folclore en los cantes de Cádiz" defendió el 6 de Junio de 2007 en el XXXV CONGRESO INTERNACIONAL DE ARTE FLAMENCO. C A D I Z.

PETENERAS.

No es mi intención desvelar el proceso de acrisolamiento de la “petenera” en su aspecto histórico, literario, folklórico y musical, tema del que se ha hecho más literatua que de ninguna otra forma flamenca, y uno de los llamados a ser – como ya dijera Romualdo Molina en “Flamenco de Ida y Vuelta “pág. 99 (Madrid, 1991) - “piedra de escándalo y motivo de contradicción. Para disfrute de irónicos, se resiste a encajar en cualquiera de las numerosas clasificaciones inventadas por los expertos y desafía toda inclusión racional en esos árboles genealógicos que tanto gustaban hacer los flamenquistas en los años sesenta”. Por eso es conveniente recordar que la petenera, como forma musical arraigada en el solar hispano y antes de su formulación como estilo flamenco, tiene una larga tradición que se remonta a siglos atrás, tal como afirma el Profesor y Flamencólogo Juan Rondón en “ Peteneras de tropicales gaditanías”, cfr. Ganada-Costa, 22 de marzo de 2004. Y es cierto, ya que el Manuel García Matos sitúa su origen y la emparenta con la zarabanda del siglo XVI. Mi experiencia cantaora me ha hecho ver cómo bastantes profesionales y “aficionados” han considerado a la petenera un cante de poca estima; algunos han llegado a negarle su naturaleza de cante jondo. Concepción totalmente injusta. A este respecto, Hipólito Rossy escribe que “.. quizá por creer que es un canto relativamente moderno, atribuirle a una procedencia concreta, y conocida su inventora, tipo no histórico pero sí legendario que probablemente tuvo existencia física en el solar hispano, en una época indeterminada e indeterminabale. Quizá por desarrollarse la copla sobre un ritmo estricto e invariable en el que no cabe introducir los dolorosos ayes que forman el cortejo de la mayoría de las coplas del cante jondo”, cfr. “Teoría del cante jondo”, pág. 255 (Barcelona, 1966). Y má adelante, nos dirá que “es errónea la creencia de que la petenera data del siglo XIX (...) ; el compás en que se sustenta, llamado alterno o de amalgama ( 6 x 8 + 3 x 4) se corresponde con el de algunas villanescas del siglo XVI, aunque hay indicios de que sea de época anterior, como el romance de Gerineldo (siglo XII?) en la versión musical de Arcos de la Frontera”, cfr. op.cit. pág. 259. “Aceptando que dicha melodía, comenta el Profesor Rondón, pudiera ser anterior al año 1.492 ( año de expulsión de los judíos) y moviéndonos en la parcela del romance, bueno será evocar el interpretado por José de los Reyes “El Negro” , (de El Puerto de Santa María), aprendido de niño de su padre, un gitano de Paterna de Rivera, y conocido como “Romance de la Monja”- cfr. “Testimonios flamencos” , CDs, Ed. Tartesos, Vol. 31- en el que se pueden apreciar claramente las características cadencias de la petenera”. Idea totalmente compartida conmigo y manifestada públicamente en mis artículos. He dedicado muchas horas en ver las posibles relaciones de nuestra tradicional petenera con versiones americanas y con las distintas formas que ha tenido en la “Escuela bolera”, en el canto gregriano, y cómo su incorporación al mundo flamenco tendría lugar en Cádiz y su provincia. En la mente de cualquier aficionado está viva la idea de la importancia del puerto de Cádiz para propiciar influjos y mestizajes. Las compañías dramáticas y de baile españolas, sobre todo a partir del siglo XVIII, utilizaban esa puerta marítima para sus trasiegos transoceánicos. Como también es cierto que muchos paises americanos importan la petenera a su acervo de música tradicional, de manera especial México. Por tal motivo los tratadistas flamencos relacionan y vinculan nuestra petenera con la de “allende el mar”. Testimonios , entre otros, los recibimos de Estébanez Calderón- cfr. “Escenas andaluzas” - donde leemos : “... Llega de Cádiz y allende el mar la “estrella de los gitanos”, una cantaora bailaora llamada la Dolores que, como novedades, interpreta una malagueña por el estilo de la jabera y unas coplillas que “los aficionados” llaman peteneras...” (1845). Demófilo, por su parte, nos dirá que “... suele cantarse por lo común la Petenera tan pícaramente que más parece un punto de La Habana que no un cante gitano...”, cfr. “Prólogo” a “Colección de cantes flamencos” (1881). El erudito y folklorista don Francisco Rodriguez Marín dejó escrito en “ABC” (Sevilla, 1897) que “... Había en ellas en su acompañamiento algo del Punto de la Habana no poco de la popular canción de El Paño moruno... Y, finalmente, José García Aparicio dijo en “Flamenco” (Revista de la Tertulia Flamenca de Ceuta, 1973) que “... muchos le atribuían origen hispano-americano basándose en que se ha cantado bastante en Cuba y Santo Domingo (...); se basa esta teoría en que este cante deriva de un hermoso, triste y melancólico cantar de los indios de la comarca guatemalteca del Petén y que, una vez hispanizado, fue introducido aflamencándose posteriormente en Cádiz”. Estas distintas hipótesis sobre la petenera han llevado a Romualdo Molina y Miguel Espín a considerar la petenera dentro de los llamados “Cantes de Ida y Vuelta”, al decirnos que “...cierta tonada peninsular viajó a América con los conquistadores y, una vez arraigada allí, más o menos transculturada y dotada del nuevo nombre de petenera en relación con El Petén, la fórmula regresa a España para aflamencarse gradualmente en la época de los cafés cantantes”, cfr. “Flamenco de ida y vuelta”, pág. 109, Bienal de Arte Flamenco. Sevilla, 1992. Fenómeno que tendría lugar bastantes años después.

Está demostrado históricamente que las peteneras eran cante y baile interpretados en los comienzos del siglo XIX en los teatros de Cádiz, y que “su aflamencamiento” se produce en esta ciudad, tal como lo demuestra el flamencólogo Rondón Rodriguez diciéndonos que “... el jueves 5 de abril de 1827, en el número 10 de la calle Compañía (Cádiz) tiene lugar una fiesta pública con ambientación indudablemente flamenca en la que Lázaro Quintana – omnipresente cantaor en las primeras manifestaciones del Cádiz flamenco; natural de San Fernando – canta las Seguidillas de Pedro La-Cambra, el Sr. López baila el Zapateado y de nuevo el Sr. Quintana interpreta la petenera.... en 1829 , ahora en el Teatro Principal gaditano se celebra un beneficio a favor del primer bolero Luís Alonso , donde aparecerá el Sr. Lázaro Quintana interpetando peteneras. No cabe duda de que asistimos a la aclimatación flamenca del estilo, a su toma de carta de naturaleza, cuando todavía su nombre estaba indisolublemente unido al adjetivo de su procedencia, y cuando aún faltaban algunos años para que Estébanez Calderón se refiriera a la petenera”, cfr. op. Cit. pág. 8.

Esto nos lleva lógicamente a considerar la importancia de la “música popular” en la formación de cantes flamencos . Aquí nos centramos en la Petenera flamenca gaditana, cincelada en Veracruz, llegada a España por Cádiz y resolviéndose en evidentes y propios matices, dejes y melismas por obra y gracia de cantores/as como el ya citado Lázaro Quintana, posiblemente El Fillo, El Planeta y otros muchos que le irán dando el sello flamenco: Niño Medina, La Rubia de Málaga, Chacón, Juan Breva, Manuel Torre, Niña de los Peines, Pepe Marchena, Niña de la Puebla, Naranjito de Triana , etc...., o bien la petenera flamenca de Paterna de Rivera – provincia de Cádiz - fundamentada en cualquier antiquísima tonada judía, ajena a las influencias de ultramar, en que se expresara musicalmente un romance popular , etc. para convertirse en un cante flamenco. Con esta brevísima reflexión también podríamos hacer ver la “ falsedad” que corrió durante bastantes años entre muchos ¿flamencólogos? , sin duda influídos por las tesis de Ricardo Molina y Antonio Mairena, de la inventada “etapa hermética” del cante. Nosotros le aplicamos el principio filosófico “Quod gratis asseritur, gratis negatur”. Nada más lejano, ya que la Flamencología nos dice que en el Cádiz de principios del siglo XIX – como en otros lugares – tanto en teatros como en otros escenarios, los artistas flamencos – payos y gitanos – se desenvolvían entre comedias, sainetes, tonadillas, bailes y piezas cortas y cantaban, bailaban y tocaban todo lo que estaba a su alcance y, además, cobrando por ello. El folklore y el flamenco jamás fueron extraños a los andaluces, así lo demuestra la literatura popular y clásica arrancando en el siglo XVII con el mismísimo Miguel de Cervantes.

PRAXIS: Interpretaré con el guitarrista varios estilos de Peteneras : Rubia de Málaga, Chacón,
Juan Breva, Niño Medina, Niña de los Peines ....
AUTOR: Alfredo Arrebola. FOLCLOREYFLAMENCO.COM

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