Paterna: Flamenca y Cantaora

Hoy en día es un hecho prácticamente aceptado por la mayoría de los investigadores del flamenco que el cante por Peteneras tiene su origen en Paterna de Rivera (Cádiz). Pero Paterna no solo es la Cuna de la Petenera; el cante flamenco es una de sus principales manifestaciones culturales, tan arraigado entre su gente, que ha dado todo un elenco de importantes cantaores de renombrada fama. Y es que el Flamenco y la Petenera son señas de identidad cultural de este blanco pueblo gaditano.

Desde su fundación, “El Alcaucil”, en su afán por recuperar el rico acervo cultural de nuestro pueblo, ha venido desarrollando numerosas actividades en torno al cante, la petenera y la promoción de artistas y aficionados locales. Continuando esta labor de difusión y promoción esta asociación pretende ahora abrir este espacio dedicado al flamenco en Paterna con especial interés en sus cantaores y al cante que le da fama, la Petenera.



15/12/08

LA PETENERA ( de P. Sañudo Autrán)



Artículo del periodista PEDRO SAÑUDO AUTRÁN publicado el 7 de Septiembre de 1903 en “LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA”, revista semanal de literatura, artes y ciencias editada en Barcelona


Hay un canto en Andalucía, siendo original, con algo de melancólico y mucho de expresivo, que se llama petenera.

En aquel país de flores y de mujeres bonitas, de ricos vinos y de ingeniosas ocurrencias, la petenera es la nota característica de las alegres fiestas andaluzas. El que haya visitado Sevilla con su Giralda, su Alcázar y su Torre del Oro; Córdoba con su mezquita y su Serranía; Granada con su vega y su Alhambra; Jerez con sus bodegas y su yeguada; Cádiz con sus bellos paseos, sus calles aseadas, sus casas blancas como copos de nieva; Málaga con sus moscateles y con sus pasas; Almería y Huelva con sus minas; Sanlúcar con su playa y su manzanilla: la Isla de San Fernando con sus salina; las poblaciones todas de Andalucía con aquel cielo tan azul y tan puro que recuerda el de América, con aquellas mujeres de ardiente mirada, cabello negro, cutis suave, rasgados ojos y pie menudo; quien haya visto aquel país habrá sentido más de una vez un extraño estremecimiento al oír los cantos característicos de la que llaman Tierra de María Santísima.

En una ocasión, cuando al mediar la noche de un día de verano, atravesaba yo las calles de Sevilla buscando en el puente que va a Triana el fresco que era imposible disfrutar en el centro de la ciudad; al pasar ante una de las casas del clásico barrio de la gente de rompe y rasga, una voz dulce, bellísima, que algo tenía de la de los ángeles, llegó a mis oídos como una vibración de los sentimientos del alma.

La curiosidad me movió a acercarme hacia donde salía la voz

A merced de la luna que por entero bañaba la cara de una mujer hermosa, vi unos ojos tan negros como las sombras de una obscura noche.

Eran los de la cantaora de la copla. Llevaba unas fragantes rosas en la cabeza y con sus dedos rasgueaba las cuerdas de una guitarra.

De sus labios continuó brotando la armonía de antes y pude escuchar muy distintamente esta petenera:

“Cuando tú me hayas matado,
cuando yo no exista ya,
cantándome peteneras
que me lleven a enterrar.”

Aprendí la copla de memoria y la fisionomía de aquella mujer que no se me borrará del corazón.

Seguí mi camino, y después de haber dado algunas vueltas por aquel barrio, el cuerpo, más fatigado por el insomnio que por la pesadez del calor, me obligó a buscar el hotel donde a la sazón me hospedaba, y me metí en la cama bajo la impresión de aquella canción y de aquella encantadora mujer, como la fantástica creación de un poeta, contemplaba entre una luz de plata, unas flores hermosas y unas notas sentidas

Pasó el tiempo, que todo pasa, hasta el dolor y la agonía, y pasó un año. Salía de la Alhambra de Granada. Iba pensando en la era de grandezas que empezó para España desde que se hizo dueña del último baluarte de los moros, y entré por una calle cuyo nombre no recuerdo, tan abstraído estaba en los panoramas de mi fantasía, y los ayes y los sollozos y la siniestra luz que salían de una ventana baja, de par en par abierta, me sacaron de mis febriles meditaciones.

Como por un resorte movido, me acerqué allí con una inexplicable inquietud, apartando inmediatamente la vista del tétrico cuadro que contemplé lleno de pena.

La mujer de la petenera, la de las rosas, la de los ojos y el cabello negro, que había yo visto en Sevilla, yacía, con el sello que marca la muerte en los rostros, en un estrecho ataúd cubierto de flores y regado por las lágrimas de dos mujeres y de un hombre que salió de pronto de aquella casa y como trastornado por una dolorosa y profunda emoción.

El interés pudo en mí más que otro miramiento cualquiera, y deteniendo al hombre mozo de pocos años, le pedí informes de la muerte.

El joven, a impulsos de esa corriente del momento que nos hace comunicativos en las grandes desgracias con las personas que se interesan por lo que adoramos, me contó una historia de amor en unos cuantos sollozos y algunas palabras.

Aquella mujer que había cerrado por siempre los ojos a la luz del día, bajo el tupido velo de sus largas y espesas pestañas, había sido juguete de un hombre por quien sentía una adoración parecida a la que ella profesaba a la Virgen del Carmen, de cuyo hábito estaba amortajada.

Le pasó lo que a tantas y lo que a tantos: fue engañada. El ídolo de su corazón le mintió un cariño que sentía por otra a la que se unió para siempre.

Soledad, que así se llamaba la cantaora de la petenera que escuché en Sevilla, abandonó esta ciudad en seguimiento de su novio y se dirigió a Granada.

Su viaje fue inútil. Su novio se casó al poco tiempo con una labradora de la vega, y Soledad, muerta de pena, se murió a fin y al cabo realmente de un mal contra el que nada pudo hacer la ciencia médica.

El joven por quien todo lo supe era un amante desdeñado de Soledad.

Se separó de mí como presa de una enajenación mental, estrechando mi mano contra las suyas.

Corrí tras él temiendo por su razón, y al doblar la esquina me cerró el paso un cortejo fúnebre.

Era el entierro de Soledad.

En aquellos momentos pasaba el féretro por la casa de la mujer de su antiguo amante, en donde con risas y algazara se celebraba el bautizo del primer hijo de aquel matrimonio, y entre el ruido que hacían al chocar las copas de vino, se oyó al compás de una guitarra una petenera que decía así:


“Cuando tú me hayas matado,
cuando yo no exista ya,
cantándome peteneras
que me lleven a enterrar.”


P. SAÑUDO AUTRÁN

26/11/08

Conferencia "EL FLAMENCO: UNA MÚSICA CULTA"

CONFERENCIA DE JOSE ANTONIO FERNÁNDEZ CABRERO Y ACTUACIÓN DE "RUFINO DE PATERNA EN LA SEDE DEL C.E.I.P. "EL ALCAUCIL"
El pasado día 14 de Noviembre tuvimos la oportunidad de disfrutar de una excelente actividad con el Arte Flamenco como pretexto. Ésta consistió en una conferencia seguida de un recital flamenco.

La primera parte de la cita corrió a cargo del flamencólogo José Antonio Fernández Cabrero que estuvo magistral y logró un alto grado de complicidad con el público asistente que llenaba nuestra sede. Empezó José Antonio expresando su sorpresa y su satisfacción por ver un local tan bien acondicionado como es hoy en día el CEIP “EL ALCAUCIL”. También destacó el hecho de que exista un centro de estas características en un pueblo de las dimensiones del nuestro y enmarcado en una región poco dada al tema de la investigación de sus raíces.

Centrándonos en la conferencia en sí, decir que el comunicante estuvo muy entusiasta a la hora de defender al flamenco como una música culta, máxime si tenemos en cuenta su procedencia cántabra. Como hemos dicho anteriormente, expuso sus argumentos de un modo muy didáctico y ameno, con lo que logró mantener en todo momento el interés del auditorio. Narró las sensaciones que a él le produce el Flamenco y pasó a otro plano en el que se sirvió de personajes como Falla y Lorca, que según él, entendieron como nadie el carácter de música culta y universal que tiene nuestra seña de identidad más importante. También citó la aportación de Demófilo a este cometido. Muy ilustrativa resultó también la mención que hizo de una conversación suya con Alfredo Krauss en la que éste usaba palabras como arte, raza o genio para denominar lo que sentía escuchando seguiriyas de otros genios como Mairena o Caracol.

En resumen, una brillante exaltación en defensa de la manifestación más representativa del acervo cultural andaluz.
Como no podía ser de otra forma, el broche de oro a una charla de estas características vino a modo de ilustración práctica. El responsable de cerrar el acto fue nuestro querido paisano “Rufino de Paterna” que nos deleitó con una gran actuación en la que dejó constancia que el paso de los años no le afectan un ápice para seguir demostrando lo buen cantaor que es y el dominio de los cantes que ejerce con la brillantez propia de quien se ha entregado toda una vida al Flamenco. Fue una actuación generosa en su extensión y acertadísima en su selección. Pudimos oír palos con sabor añejo como “el polo” o “la farruca”, sus habituales “fandangos” y, en consonancia con las fiestas que se avecinan, nos obsequió hasta con un “villancico” de esos que nos llevan a evocar los mejores ecos de la Navidad. Pero sin duda alguna, el momento álgido de su actuación llegó con la brillante interpretación de la “milonga” que él mismo ha adaptado de una letra que le dedicaron con motivo de su nombramiento como Hijo Predilecto de Paterna. Con su forma de ejecutarla y con el contenido de la misma, en la que se alude a parajes muy significativos de su carrera artística, levantó de sus asientos al numeroso público.
Por todo ello, podemos concluir que la cita resultó un rotundo éxito para enmarcar en el recuerdo de todos los que tuvimos la suerte de estar allí.


Fernando Gallo Colón

9/11/08

Conferencia EL FLAMENCO: UNA MUSICA CULTA

El próximo viernes 14 de Noviembre de 2008 a las 20.30 horas, el prestigioso flamencólogo José Antonio Fernández Cabrero, pronunciará la conferencia “EL FLAMENCO, UNA MÚSICA CULTA” en la sede de la Asociación Cultural C.E.I.P. “El Alcaucil” sita en la calle Muro 25 de Paterna de Rivera.

Tras la conferencia el cantaor “Rufino de Paterna” ofrecerá un recital de cante flamenco acompañado a la guitarra por Juan Antonio Gómez “Niño de la Escalerilla”.

José A. Fernández Cabrero (Felices de Buelna, Cantabria. 1953) reside en Sevilla desde 1980. Desde entonces se desarrolla profesionalmente en el Grupo Asegurador Sistema MAPFRE, ocupando actualmente el cargo de Director Territorial de MAPFRE Empresas en Andalucía.

Desde 1986 hasta 2002 perteneció a la Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla, ocupando los cargos de Secretario General hasta 1994 y posteriormente el de Presidente. Actualmente está en posesión de la Insignia de Oro de la Federación, que le fue impuesta en Diciembre de 2006.

Durante su mandato como Presidente organizó el XXIV CONGRESO NACIONAL DE ARTE FLAMENCO, promoviendo desde entonces la difusión del Flamenco con Circuitos Anuales.

Participó, como conferenciante designado por Sevilla, en el Ciclo de Circuito de los Cantes Autóctonos que se desarrolló en toda Andalucía.

Su actividad como conferenciante en el campo del flamenco es intensa, no sólo en nuestra geografía andaluza. Igualmente ha participado en innumerables foros y debates. Así como en otras tantas actividades en Madrid y en distintos Ateneos.

Fue Consejero de la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla y Vicepresidente de la Confederación Andaluza de Peñas Flamencas.

Actualmente compagina su vida laboral con la investigación, defensa y divulgación del Flamenco. Y como bien se autodefine, solo aspira a “ser un buen aficionao”. Desde esa posición se ama mejor y más al Flamenco y solo con eso basta.

Rufino García Cote, “Rufino de Paterna”, nace en Paterna de Rivera el día 27 de Septiembre de 1938. Desde muy niño inicia su andadura en el mundo del flamenco y va cultivándose en el cante, sobresaliendo en la Semana Santa paternera con sus saetas a la Virgen de la Soledad, de tal manera que es llamado para amenizar bodas, bautizos, en ferias, celebraciones, etc.

Con 16 años se presenta numerosos concursos que se celebran en la provincia de Cádiz y en las emisoras locales. Los poetas Julio Mariscal y Antonio Murciano lo introducen en el mundo discográfico y graba sus primeros trabajos en las prestigiosas RCA y COLUMBIA. Un total de 11 grabaciones compones su curriculum discográfico hasta la actualidad, 7 de ellas en solitario.

Rufino en sus comienzos toma como modelo a El Malagueño y a Porrina de Badajoz, llegando a cincelar posteriormente un estilo propio de indudable aceptación.
Entre sus premios destacan los siguientes: Primer Premio en el Concurso de saetas de Cádiz, celebrado en el Gran Teatro Falla (1960); Tercer premio de martinete y carcelera en Jerez de la Frontera (1962), Primer Premio de martinete y carcelera en Jerez de la Frontera (1963) Primer Premio (1962, 1963 y 1964), Segundo Premio (1970) y Tercer Premio (1965) de Saeta en Arcos de la Frontera, Segundo Premio de cante jondo (1971) en Conil de la Frontera, Primer Premio de cante por malagueña (1971) en La Línea de la Concepción, etc. Pero sin lugar a dudas, el galardón más importante para Rufino ha sido el obtener el primer premio en el II Concurso Nacional de Cante por Peteneras de Paterna de Rivera, celebrado el año 1973.

Rufino forma parte junto a “El Perro de Paterna” y “Niño de la Cava” de la terna fundamental del cante flamenco en Paterna.




24/10/08

MISTERIO EN TORNO A UNA MUJER


Articulo presentado por D. Teodoro Pecino García al Primer Concurso de Artículos Periodísticos de Exaltación a la Petenera 3er. Concurso Nacional de Cante por Petenera en 1.974.


Se lamenta una guitarra, la voz de un "cantaor" rompe el silencio y por el aire se escucha : "Quién te puso Petenera. .."

Paterna, rincón gaditano, situado geográficamente en el centro de la provincia, azotado por el levante, como único producto del sudor de sus habitantes, tuvo que ser la cuna de una mujer que nos dejó el regalo de un cante: La Petenera, mezcla de embrujo y dolor, triunfo y tristezas, amores y muertes, en realidad un misterio que hizo cante.
Yo la definiría como "el lamento de una guitarra y el llanto de una garganta." Reza la letra :
De las gargantas llorando
brota siempre este cantar
"pa" que el mundo entero sepa
que he muerto de tanto amar.
Y verdaderamente, ¿quién no se acuerda de su primer amor, de un desengaño, de una pasión inalcanzable, cuando escucho una guitarra que se lamenta y una garganta que llora por peteneras?

Se ha hablado mucho sobre ella, que si fue una mujer de bandera... que si la suerte la volvió la espalda..., que si su muerte continúa siendo un misterio..., e incluso dicen que trae mala suerte ya que los gitanos no gustan cantar de ella pues su espíritu supersticioso les hace creer que es "Mal fario” .

Yo creo que la petenera es el romanticismo del cante. El pueblo canta:
Pregonero del amor
te llevo en mi pensamiento
eres aire que alimenta
el fuego de mis tormentos.

Pero, ¿quién fue realmente la Petenera? ¿Qué extrañas circunstancias concurrieron en la vida de esta mujer que dejó en su testamento , el tesoro de un cante que conmueve a quien lo escucha?

Curioseando, en mi desordenada biblioteca, encontré un libro titulado "EI porqué de los dichos" , de José Mª Iribarren y dentro de él hay un trozo de otro libro editado en Sevilla en 1906, bajo el título de " Las chilindradas" dedicado por su autor Rodríguez Marín a la Petenera, de la cual hace un somero retrato, que me ha ayudado a esclarecer un poco, lo que todavía en 1974 continua siendo' un misterio en torno a una mujer y un cante. Dice: "entre los que a mediados del este siglo cantaban no para divertir sus penas, sino para buscar la vida... en tertulias, taberneras y cafés figuraba, con muy bien gana do derecho, la Petenera, de cuyo nombre de pila no se ha conservado
memoria.

Había nacido en Paterna de la Rivera (provincia de Cádiz), cantaba como los propios ángeles a decir de los aficionados, y la llamaban la Petenera, porque de paternera dicen los andaluces petehenera (algo aspirada la hache) y de petehenera a petenera va un paso corto que mis paisanos salvan muy fácilmente.

La Petenera que dio nombre a tan soberbio cante debió ser muy guapa moza... De que la Petenera fue una hembra juncal dan testimonio estos cantares, seguramente inspiradas de amantes desdeñados y de mujeres celosas:

Quien te puso petenera
no te supo poner nombre
que te debía haber puesto
la perdición de los hombres.
¡La petenera malhaya
y quien la trajo a la tierra
que la petenera es causa de
que los hombres se pierdan
¡Petenera de mi "vía" !
¡Petenera "er” corazón!
por curpa de la petenera
estoy pasando dolor.

No sé dónde ni cuándo murió la Petenera pero sí que su muerte fue muy sentida, a juzgar por esta copla:

La Petenera se ha muerto
y la llevan a enterrar
y por las calles no cabe
la gente que van detrás.

¡Pero la Petenera no ha muerto! ¿Misterio?, os preguntaréis y diréis que es un misterio y acertaréis plenamente, la Petenera no ha muerto no puede morir, sigue viviendo, flotando en el aire de su pueblo natal, Paterna de la Rivera, pueblo en donde en cada hogar, puerta o calle se respira el aroma de su personalidad definida en cante.

Paterna de la Rivera, se siente orgulloso se tener una hija como ella y como prueba del cariño que por ella siente, es este, cada vez más famoso y completo homenaje en su calidad de nacional y que lleva por nombre "Concurso de cante por peteneras".Guapa y cantaora, nacida en Paterna de Rivera, cuya muerte fue una manifestación de dolor popular, “La Petenera" ,fue una de las faraonas en el arte del cante cuya fama rebasa la efímera gloria de las estrellas para entrar en el ámbito del mito.

16/10/08

EL FLAMENCO EN PATERNA DE RIVERA

Colaboración del Grupo de Investigación del Flamenco en Paterna de "El Alcaucil" en el libro "LAMENTO DE UN HOMBRE DE CAMPO. NIÑO DE LA CAVA" de Manuel Rosado Sánchez. Editado por C.E.I.P. "El Alcaucil". Paterna. 2001.

Paterna desde sus orígenes ha sido un pueblo con una rica tradición oral y, a pesar del paso del tiempo y los cambios producidos en las costumbres, las tradiciones, los modos de vida, etc. de su gente, ha mantenido su cordón umbilical con esas raíces culturales de antaño que hoy en día conforman las señas de identidad de esta singular población de la campiña gaditana.

Ejemplo, entre otros muchos, de esas profundas raíces de nuestro folklore es una antiquísima tradición, casi un ritual, cuyo remoto origen se pierde en la lejanía de los tiempos y que ha perdurado hasta no hace muchos años en Paterna. Se trata de la curación de la picadura de la tarántula, en la que la persona afectada, con el fin de expulsar el veneno a través del sudor, danzaba durante horas y horas al son de una guitarra: era el Baile de la Tarántula. Todavía los mayores recuerdan a Vigilia y Moreno, guitarrista paterneros, que allá por los años 30 intervenían en este arcaico ceremonial, alternándose ambos en el toque para no parar el son de la música.

Paterna atesora aún en la actualidad una importante y variada muestra de romances, canciones infantiles, adivinanzas, refranes, oraciones a los santos, cuentos, leyendas, chascarrillos, tonadas, canciones populares, cantos, danzas, etc., aprendidos y transmitidos de generación en generación fruto de las interacciones sociales en la familia, en las reuniones, en las fiestas, en el trabajo... Todas estas expresiones orales constituyen elementos de gran importancia en nuestro ámbito cultural y han sido factores esenciales en las relaciones personales y colectivas de la gente de Paterna y de los pueblos vecinos.

Pero quizás sea en el Cante Flamenco donde la riqueza tradicional de nuestro pueblo se ha hecho más manifiesta, con una importante repercusión en la vida social, cultural e incluso económica. Muchos son los factores que han influido en esta tradición cantaora de Paterna, desde el ser considerada Cuna de la Petenera hasta el dar cantaores de la talla de “El Perro de Paterna", “Rufino de Paterna” y “Niño de la Cava”.

Las primeras manifestaciones del cante flamenco aparecen a finales del siglo XVIII siendo el XIX la época de su difusión con la aparición de los cafés cantantes y las grandes figuras que van a consolidar este arte. Paterna en esta época es un pequeño pueblo de la campiña, en el centro de la provincia, con una economía eminentemente agrícola-ganadera y con una población bastante dispersa por sus campos. Mantiene estrechas relaciones con Jerez, Cádiz, Puerto Real y El Puerto de Santa María, cunas del cante junto con Triana, por medio de calesas y diligencias diarias así como por los arrieros con sus reatas de mulos y carretas que van a llevar a estas ciudades productos como carbón, cereales, huevos, caza, paja, harina, agua mineromedicinal en damajuanas, etc. y a traerse pescado, vino, ultramarinos, sal, etc.

Desde mediados del siglo XIX Paterna es un punto de atracción para los pueblos vecinos y las ciudades de la bahía; las excelentes propiedades curativas de sus balnearios (Fuente Santa, Gigonza, Concepción) y manantiales de aguas sulfurosas diseminados por sus alrededores (Visillo, Cañahonda, Ruano, El Gato, etc.) atraen cada vez a más gente en busca de sus salutíferos efectos y milagrosas curaciones.

En torno a los balnearios florecerá un entramado social y económico que activará la tranquila vida de este pueblo: surgen pensiones, fondas como el “Circulo de Bañistas”, casinos, tabernas, tiendas, etc., se intensifica el comercio y las comunicaciones con los pueblos de la bahía de Cádiz y del entorno, acuden importantes médicos y personalidades...; es la época de mayor esplendor de Paterna. Al dinamismo social que durante la temporada de baños disfrutaba este pequeño pueblo de 500 casas y uno 3200 habitantes contribuirán también las actividades de esparcimiento y ocio para los vecinos y visitantes, en la que a buen seguro no faltó el cante flamenco en tabernas, casinos, fondas así como en festividades, ferias, celebraciones, etc.

Sabemos que en el Balneario de Gigonza, muy vinculado a Paterna social y económicamente y a tan solo 3 Km. de distancia, los bañistas diariamente, tras el paseo por los alrededores y la misa del rosario en la capilla, se congregaban por las noches en el casino o salón de reuniones donde se recreaban conversando, jugando a las prendas, al billar o escuchando canciones a piano entonadas por algún sirviente o sirvienta o acompañadas a la guitarra. Eran actividades lúdicas frecuentes, sobre todo en las festividades como la del Carmen, patrona del Balneario, la celebración de bailes, representación de comedias en improvisados teatrillos, conciertos y coros de voces, e incluso corridas de toros y carreras de cintas, entre otras. También el cante flamenco estaría entre las distracciones de los bañistas, sobre todo en el último tercio del siglo XIX en que en las ciudades de la Bahía y en Jerez, de donde proviene la mayoría de bañistas, están de moda y proliferan las actuaciones de cantaores en los cafés cantantes.

De gran importancia social y económica para Paterna en este siglo XIX serán sus dos ferias anuales de ganado, una en primavera y otra en septiembre. Aunque el objeto principal de las ferias eran las transacciones comerciales, no por ello faltaba la diversión, siendo el cante y el baile actividades fundamentales en las casetas improvisadas con palos y sombrajos de cañas, paja o telas. Las operaciones mercantiles, eminentemente a base de productos agrícola-ganaderos, aunque también se comercializaba género extranjero, atraían a un gran número de concurrentes a participar en estas transferencias, bien como compradores, bien como vendedores, siendo significativa la presencia de numerosos gitanos, maestros en el arte del trato de ganado, que animaban la feria con sus cantes y bailes.

Por otra parte en Paterna y sus campos se establecieron familias gitanas, y así en los libros sacramentales de los siglos XVII, XVIII y XIX de la Iglesia de Paterna son frecuentes apellidos gitanos como de los Reyes, Santos, Montoya, Heredia, Jiménez, Ortega, Vargas, etc. con los característicos oficios de herreros, arrieros, etc.

Tradicionalmente se ha considerado a Paterna como Cuna de la Petenera desde que Demófilo en su Colección de Cantes Flamencos, publicada en 1881, así lo afirmaba apoyándose en el testimonio del cantaor jerezano Juanelo, que asesoró al padre de los Machado en su estudio sobre los cantes. Mucha polémica se ha suscitado desde entonces en cuanto al origen de la Petenera, poniéndose en tela de juicio la afirmación de Juanelo. Sin embargo Demófilo no solo se apoya en Juanelo, quién incluso llegó a escuchar a la Petenera, hecho por sí solo demostrativo, también nos dice que “convienen todos los cantaores en que son antiguas y en que deben su origen a una cantaora de flamenco llamada Petenera”. Coetáneo y amigo de Demófilo, Francisco Rodríguez Marín señala que “entre los que a mediados de este siglo (XIX) cantaban, no para divertir sus penas, sino para buscarse la vida... en tertulias, tabernas y cafés figuraba, con muy bien ganado derecho, la Petenera, de cuyo nombre de pila no se ha conservado memoria. Había nacido en Paterna de Ribera (provincia de Cádiz), cantaba como los ángeles a decir de los aficionados y la llamaban la Petenera...”. También Hugo Schuchardt en 1881 en sus “Dies Cantes Flamenco” se hace eco de ese origen paternero de la Petenera.

Hasta no hace mucho, la primera referencia que teníamos de las peteneras databa de Noviembre de 1845, fecha en que Serafín Estébanez Calderón, “El Solitario”, publicaba por primera vez en las páginas de El Siglo Pintoresco su famosa Asamblea General, en la que nos relata una fiesta en Triana. En dicha fiesta participa una gitana de Cádiz, procedente del otro lado del mar, llamada Dolores que “entre las cosas que cantó, dos de ellas fueron muy alabadas. Érase una la malagueña por el estilo de jabera, y la otra ciertas coplillas a quienes los aficionados llaman Perteneras... Tocante a las Perteneras, son como seguidillas que van por aire más vivo, pero la voz penetrante de la cantaora dábanles una melancolía inexplicable.”.

Quizás fue esa Dolores la célebre Petenera de la que todos hablarán posteriormente, sin embargo, el 30 de Octubre de 1844, muy lejos de Andalucía, el Diario de la Habana recogía la noticia de que en el Gran Teatro de Tacón de Cuba un grupo de bailaores, a la conclusión de una comedia del género andaluz, pondrán en escena la función “La Petenera Gaditana”, que será cantada, acompañándose de una guitarra, por Agustín Reyes quien, recién llegado de Cádiz, ha cosechado un gran éxito con este género de canciones en sus teatros. Juzgamos como muy sugerente este anuncio del periódico cubano, dado a conocer por Ortiz Nuevo, pues creemos es lo suficientemente explícito con relación al origen de la petenera, ¿de qué otro pueblo podía ser La Petenera Gaditana sino del nuestro?.

Esta noticia de prensa nos indica que la Petenera era tan conocida que incluso sirvió de fuente de inspiración para ser llevada a los teatros en pequeñas piezas de género andaluz basadas en canciones, bailes y música andaluzas. Ya Schuchardt en sus “Die Cantes Flamencos” recogía el testimonio de una señora que, nacida en ultramar, recordaba haber oídos peteneras en su niñez. Y es que no es nada extraño, pues fueron muchos los andaluces, también paterneros, que partieron a las Américas tras su descubrimiento y con ellos también su música, canciones, romances, costumbres, etc. influyendo sobremanera en la aparición de numerosos géneros musicales americanos. En Méjico aún hoy en día, por influencia de esas peteneras andaluzas que viajaron con los marinos, soldados y comediantes españoles se conservan unos sones con el nombre de Peteneras cuyas letras son muy similares a las nuestras flamencas.

Aunque muy discutido y abierto el origen de las peteneras, dada la participación que hubo de tener en la gestación del cante flamenco las canciones populares, tonadas, romances, danzas, etc., hay que señalar la gran tradición de Paterna en todas estas expresiones populares, siendo significativo que José de los Reyes “El Negro”, cante el romance “Monja a la Fuerza” utilizando la línea melódica de la petenera, máxime si su padre, apodado “Tío Juan el de Paterna”, vivió en nuestro pueblo; de ahí el mote.

Estébanez Calderón en 1831 se lamentaba en otra de sus Escenas Flamencas, Un Baile en Triana, de que solo en la serranía de Ronda y en tierras de Medina y Jerez, donde nos incluimos, se podían aún oír antiguos romances moriscos musicados como el de Gerineldos, romances en los que posteriormente algunos flamencólogos han visto indicios de ser su melodía precedente de las peteneras.

Pero Paterna no solo es cuna de la Petenera, su gente atesora añejos fandangos bailables que se cantaban en los campos y ventorrillos, los llamados Fandangos de los Campos de Paterna, muy cultivados en “El Cañuelo”, pero también en Las Piletas, Las Vegas y otras cortijadas. Este cante de origen morisco, manifestación local de las muchas variantes que presenta el fandango flamenco, está emparentado con los verdiales de Málaga, con la particularidad de que son de los pocos que se conocen que se bailen en colleras y agarrado, a diferencia del Chacarrá y el Gazpacho que se bailan en colleras pero no asidos de la mano. Son cantes que cultivan los trabajadores del campo en los ventorrillos y cortijos al término de la jornada o en ocasiones especiales. En los eventos señalados los cantaores se acompañan de toda una “orquesta” para llevar a cabo estos cantes bailables: guitarra, pandero, almirez, canutos de caña abiertos a lo largo, cucharas, tenedores, botella de aguardientes, etc., y de un “cuadro de baile” formado por las mozas de los alrededores, aunque tampoco era necesario mucho acompañamiento y a veces el cantaor se “tiraba” a palo seco o respaldado por el toque de una guitarra. Estos fandangos tenían una importante función social tanto en bodas y bautizos como en los escarceos amorosos de los jóvenes pues los cantaores solían rivalizar por las mozas mientras estas bailaban insinuándose con piropos y coplas alusivas y comprometidas. Cultivaron estos fandangos paterneros: Andrés Moreno, Quisco Saborido, Chano “Tenería”, Cristóbal “El Cristo”, Manuel “Pullita”, etc. Y a la guitarra destacaron los hermanos Guillermo, Antonio y Blanca Granado Baños, que animaron muchas tardes y noches las fiestas que se celebraban en “El Cañuelo”, siendo muy requerida por las mozas esta última dado su toque alegre y ligero para el fandango bailable con un característico golpecito en la guitarra que iba marcando el paso a las muchachas.

Antonio Romero, gran conocedor del flamenco, la gastronomía, el torero, etc. y todo lo concerniente a las tradiciones, los modos de vida, el trabajo en el campo, etc. de Paterna, y al que seguimos en este bosquejo de la relación de nuestro pueblo con el cante, da noticias de que en Paterna y alrededores se bailaba antiguamente la Rampa, que con cierto ritmo parecido al Gazpacho, era ejecutada por los campesinos, y al igual que en los fandangos, los mozos mediante danza y cante, sacaban a las mozas del corro a bailar hasta formar todos parejas.

Muy arraigado también en nuestro entorno es el cante del labriego mientras realizaba las faenas del campo como la trilla, la siega, el arado, etc. Son los cantes de trilla, arrieras, caleseras, pajarotas, fandangos, etc., cantes que hacían los paterneros para hacer más llevadera la dura jornada que empezaba a las claras del día y terminaba cuando el sol trasponía.

Al término de la jornada, ya de noche, se reunían los trabajadores en las gañanías donde, en torno a un fuego, cantaban las llamadas temporeras, en las que un gañan a la voz de ¡voy! iniciaba su copla cuando otro terminaba la suya, originándose una animada rivalidad entre los cantaores que duraba hasta que la prudencia de la hora invitaba a irse a dormir.

Especial recuerdo merecen las garbanceras, que en grupos de 20 o 30 mujeres, partían andando a las 3 o 4 de la madrugada hacia Las Piletas, Las Vegas, El Lobatón, El Chorreadero, etc., cortijos cercanos a Paterna, entonando alegres coplillas tanto en el camino como durante el trabajo.

Destaca también nuestro pueblo, al igual que muchos pueblos andaluces, por el gran arraigo en la tradición de cantar saetas en las procesiones de Semana Santa. Y así refiere Antonio Romero como los cantaores paterneros Faisquito, León, etc. cantaban las saetas populares antiguas, contestándose unos a otros, saetas en las que percibe cierto aire de peteneras. También se cultivaban las saetas flamencas y hoy en día la nómina de aficionados paterneros a este palo, algunos con importantes premios, dan idea de la importancia del Flamenco en nuestro pueblo.

No podemos dejar de mencionar una costumbre muy antigua en Paterna, la de las serenatas, en las que los jóvenes provistos de bandurrias, guitarras, cántaros, etc., pasaban toda la noche cortejando con sus canciones y serenatas, yendo de una casa a otra, a las mozas solteras del pueblo.

Otra remota tradición paternera tenía lugar en la Nochebuena. Familiares y amigos se reunían en grupos para celebrar esta noche especial cantando por las calles villancicos hasta el amanecer, pidiendo el aguinaldo (dulces caseros y vino o licores) de casa en casa. También era costumbre en los patios de vecinos celebrar en Nochebuena las zambombás cantándose los villancicos tradicionales así como los flamencos. Y es que los paterneros han sido gente muy alegre, festera y participativa en todo este tipo de celebraciones señaladas, a pesar de las continuas penurias que a lo largo de la historia han venido soportando. Así por ejemplo el Carnaval fue una de las celebraciones populares que más auge tuvo en Paterna por la participación mayoritaria de su gente en las diferentes actividades carnavalescas propias de nuestro pueblo como las “mascaras”, los “pajareros” que hacían parodias, sátiras, y, sobre todo, las comparsas y las chirigotas, llamadas "murgas", cuyos ingeniosos maestros letristas como Juan Caña y su hijo Juan Caravaca, Antonio Vega o Cojo Cajilla, son aún hoy en día muy recordados.

A partir de los años 1930 proliferan en Paterna los espectáculos folclóricos flamencos que en un primer momento se celebraban en los patios más espaciosos de Paterna, como el Patio Ventura (c/ Cuna), Patio Carabina (c/ Ancha), Plaza de Abasto, Patio "la Coca" (c/ Padre Félix), Patio Garrido, Patio de los Periquitos, a los que los paterneros asistirán portando sus propias sillas. También se recuerda el Cine Orellana en la calle Cuna (cine mudo) donde actuó el guitarrista Manitas de Plata. En los años 60 el Cinema Rivera, con un aforo de 524 sillas, se llenará de gente atraídas por las compañías en las que estaban contratados los más afamados cantaores del momento. Así vinieron a Paterna Luquita de Marchena, La Niña de Antequera, Hermanos Murillos, Pepe Pinto, Niña de la Puebla, Juanito Maravilla, Niño de Aznalcollar, Juanito Valderrama, Dolores Abril, Manolo el Malagueño, Adelfa Soto, Niño de Alcalá, Antonio Molina, Canalejas de Puerto Real, Pepe Marchena, el Cojo Huelva, etc. Precisamente será en uno de esos patios donde debuta como bailaora en 1935 Lola Flores acompañándole al cante Tío Borrico de Jerez.

En la memoria de los mayores quedan lejos en el tiempo aquellos antiguos cantaores paterneros como “Piquito Dulce”, “Niño de la Traba”, "Barea”, “Tío Juan el de Paterna”, “El Sargento”, Andrés Moreno, Cristóbal “Carrasquilla”, Juan “Ramito”, “El Batanero”, “El Pavo”, “Enrique el Latero”, Cayetano Pérez (el hermano del Perro), ...

Por los años 60 llega a Paterna el Maestro Nacional D. Julio Mariscal que dará un impulso al cante en Paterna. El poeta de Arcos, inculcará a un grupo de jóvenes (Juan Gago, Serafín Galán, Diego Herrera, Bartolo Rodríguez, ect.) la afición por el flamenco, así como entrara en contacto con tres cantaores de Paterna (El Perro, Rufino y Niño de la Cava), convirtiéndose en un verdadero admirador y seguidor. Los tres cantaores tenían entonces sendos bares, donde el cante servirá de pretexto para reunir a numerosos aficionados, no solo de Paterna, y celebrar festejos flamencos que durarán toda la noche.

En 1972 se crea el Concurso Nacional de Cante por Peteneras, siendo los promotores Serafín Galán con Juan Gago y el Maestro Nacional D. José Martínez que procedía de Murcia y tenía conocimiento del Cante de las Minas y además era Teniente de alcalde del Ayuntamiento. Animaron e impulsaron la idea de organizar el Concurso el entonces Alcalde D. José Moreno, Machín como Concejal de Fiesta y Diego Herrera también Concejal, concurso que con los años convertirá a Paterna en cita obligada de los festivales flamencos veraniegos, consolidándose nuestro pueblo como la Cuna de la Petenera y redundando a la vez en un auge de este maltratado palo del flamenco. En estos años 70 El Perro de Paterna, Niño de la Cava y Rufino se profesionalizan, actúan por toda España, participan en concursos y ganan numerosos premios. D. Julio Mariscal trae a Paterna a Antonio Murciano para que los oiga y esto facilita las grabaciones de discos ya que Carlos Murciano, su hermano es el director de la R. C. A. y así llegan a ser los embajadores de nuestro pueblo por toda España.

Son años en que salen a la luz numerosos aficionados paterneros, el Concurso Nacional de Peteneras vive su máximo esplendor, Paterna es conocida en España entera por sus cantaores y las Peteneras, en definitiva años en que Paterna se consolida como pueblo cantaor, pueblo flamenco.

Llegan incluso a ganar el Primer Premio del Concurso Nacional de Cante por Peteneras cinco paterneros: El Luli, Rufino, El Cachorro, Chano Martín y El Ruiseñor.

En el recuerdo quedan los desaparecidos: Niño la Palma, Vicente Orellana, Juan Marín, La Latera, El Chorlito, Juan Almagro.

En 1981 nace la Peña Cultural Flamenca "La Petenera", siendo el Primer Presidente fue Juan Marín que dimitió antes de la legalización de los Estatutos, a continuación Bartolo Rodríguez, que estuvo poco tiempo, después Paco Romero y por último Placido Romero que lleva desde el año 83. La Peña tiene entre sus muchos logros el de ser una gran difusora del flamenco en Paterna, el trampolín de muchos aficionados al cante y entidad fundamental en la organización del Concurso Nacional de Cante por Peteneras, acogiendo en su sede todo el proceso de selección de concursantes y destacando la gran labor de Fernando Herrera en los últimos años en este cometido. Así mismo en la Peña se forma el Cuadro Flamenco “La Petenera”, que dirigido por Pilar Carrasco es todo una escuela de virtuosas bailaoras y bailaores flamencos como Rafi, Carmen, Rosi, Estefano, Pedro, etc. que hoy destacan y son admirados allá a donde van.

En 1982 se erige un monumento a La Petenera, que ya tenía el nombre de una calle en el pueblo, obra del escultor alcalaíno Jesús Cuesta Arana en la Plaza Constitución, en pleno centro histórico de Paterna. El monumento fue posteriormente trasladado a su ubicación actual en el Pozo Medina, lugar donde, según la tradición, iba la petenera a por agua.

En 1985 tres calles de Paterna reciben el nombre de los tres cantaores más afamados de Paterna: “El Perro de Paterna”, “Rufino de Paterna” y nuestro biografiado “Niño de la Cava”. Pero en las décadas de los 80 y 90 destacaron muchos más de los cuales casi todos aún cantan: La Pécora, el Petro "Ñiño de Paterna" , Diego Rosado “Jarano”, Martín, Natalio, Patiti, El Cani, Juan Chacón “Cafelito”, Pilar, Ortiz “El Gorrión”, Caracolillo, Monea, Domingo "El perro", Juan Rojas, Manolo "El Siriguilla", Dominguín, Domingo Arias, Peret, Andrés León, Diego Quiñónez, Chano " El Gitano", Carmen y Manuel " Los Meinatos", El Niño de la Codorniz, Juan Guerrero. Y en el baile Morenita y Perico el de Vitoria.

Esa gran tradición cantaora se continúa en Paterna en la actualidad con la aparición de jóvenes promesas que esperemos tengan suerte: Rafi, Niño de la Escalerilla, J. Márquez Ortiz "El Niño Rivera", etc.

13/10/08

LA CUNA DE LA PETENERA


Artículo de Francisco Gallo Puerto publicado en DIARIO DE CÁDIZ el 19 de Mayo de 1978

Parece que ha quedado definitivamente claro. De la actitud de los Paternas que se disputaban su paternidad -y valga la redundancia –se desprende un tácito acuerdo: el de Ribera sigue organizando, cada vez con más éxito, el Certamen Nacional de cante en honor de la "petenera ", y el otro Paterna se ha callado.

Queda pues establecido, más que por documentos históricos por la marcha de los acontecimientos, que el cante por "petenera" tuvo por cuna a un pueblecito blanco (que se asienta humildemente en una magnífica zona agrícola, que en verano y en invierno parece aplastado por el Sol, y que en invierno, en esos inviernos largos y tristes de la Andalucía rural, ha sabido de paro, de hambre, de escasez y de todo. Este pueblecito vivaracho y despierto es el Paterna de Cádiz; el de Ribera, Rivera o de la Ribera, que nadie se pone de acuerdo al llamarlo.

Parece un tanto lógico que fuera aquí donde naciera la petenera. Este cante serio, grande, llanto del pueblo, quejío del que sufre, saldría un día de la reseca garganta de un paternero o paternera consciente de sus miserias que cantaría en ese tono triste y de lamento que es propio ante males de solución imposible. Seguro que si las circunstancias no hubieran cambiado otro paternero de hoy, gran cantaor jondo, con el alma puesta en cada copla, hubiera inventado otro tipo de cante único, porque aún sin inventarlo a todo lo que canta da su sello “El Perro de Paterna”.

En Andalucía la baja, aparte de que la historia y la leyenda están tan mezcladas que no sabemos muchas veces hasta donde llega cada una, hay en ocasiones que olvidarse de la realidad e imaginarse cada uno a su manera, el origen de las cosas. La petenera existe, su cuna parece aclarada, su origen...¿ Quién sabe de verdad cómo fue su origen ?

Paterna es hoy un pueblo crecido en extensión, aunque no en censo. Parece que no pretende salir nunca de sus tres mil y pico de habitantes. Están, como decía un paternero grande, los cabales: ni necesitan más gente ni les sobra nadie. Este crecimiento en extensión ha ocurrido porque aquellos viejos patios de vecino, donde vivían hacinadas muchas familias, se han ido sustituyendo por casitas, con sala y dos alcobas -que dicen ellos- con su imprescindible patio y sus dos puertas. Todas las casas de Paterna tienen dos puertas, signo evidente de las ansias de libertad de sus moradores. Angustia del contrabandista que oía llamar a la "guardia" a su casa. Pero este crecimiento, aunque anárquico y sin planes urbanísticos, sino conforme ha ido pudiendo cada uno, ha sido un crecimiento sólido, hecho con dinero de emigrantes que fuera de nuestro país han vendido sus sudores. Emigrante que vuelve a venir porque sin el aire del “Visillo” no puede respirar. Quede bien claro, este Paterna crecido, de superior nivel económico y cultural -economía agenciada como hemos dicho y cultura por “impregnación ambiental”- es fruto del quehacer de cada uno. Nunca se le ha dado nada, a lo sumo un pasaporte y un contrato de trabajo en el extranjero. En el país han buscado la vida con su habilidad de raza despierta y han mantenido e1 empleo con su competencia.

Pero estamos hablando del paternero con edad laboral. Que dan los niños y los viejos, que en cierto modo participan de “esa vida” que el joven busca donde sea -¡de eso viven!- pero que no es muy halagüeño su futuro. Niño de Paterna que empiezas a pensar y ves tu futuro buscando peonadas donde puedas o tratando de conseguir un contrato de trabajo en e1 extranjero, no serán muy felices tus sueños. No verás muy claros tus proyectos cuando te des cuenta de las dificultades que te rodean. Viejo paternero, paternera curtida por muchos años de trabajo al sol caliente de los veranos implacables. Garbancera que has aprovechado muchas cabañuelas en" Los Arquillos", "El Chorreadero" o "Las Vegas". Hoy momias enjutas de corazón faraónico a las que mantiene vivas el temperamento. Viejas legendarias que nos recuerdan los nombres de "La Farola", "La Oña" o; "La Carla". Una como vosotras sería la petenera del cante. La que esperando a la muerte en la puerta de su cuarto, lloraba cantando. Porque el cante por petenera es llanto, lamento del pueblo herido y cansado de luchar. Resignado a la muerte sin saber lo que es la vida. Muriendo eternamente después de vivir muriendo.
Pensamos además que la petenera ha de sonar mejor en los silencios de las tardes de verano a la hora de la calina, o en los tristes atardeceres lluviosos del mes de los muertos. Pero sus ecos repetidos en "La Silera", “Fuente de la Cabra” o "El Toyo", porque sus escasas tierras todas saben de esos ecos lastimeros con que el paternero viejo, el de los tiempos de contrabandistas y mochileros, cuando no sabía que existían fábricas en Cataluña y Europa, cantaba sus penas y lloraba cantando. Eran los tiempos en que los límites de su mundo coincidían con los de su término municipal: “Cerrillo Jerez”, "El Gusmeo" y "Peña Bastida".

Paterna el de Cádiz, de Ribera, Rivera o de la Ribera, que nadie se pone de acuerdo al nombrarte. Nacistes pobre porque no fueron generosos contigo tus fundadores. Se preocuparon tan poco de ti que ni tu apellido saben con certeza la mayoría, pues aún tienes un matasello en tu cartería rural poniendo "de la Ribera", cuando la Ribera más cerca que tienes es la del “Arroyo Lejos”. Tú sola, y por esas azarosas combinaciones que se dan en la vida de los pobres, has tenido hijos grandes: magníficos obreros, buenos artesanos, ilustres militares y hombres de ciencia que en su modestia han mantenido tu nombre con orgullo. Y cuando los perros de Calero han pasado a la historia y las aguas medicinales casi nadie se acuerda ni donde estuvieron, viene la petenera a recordar a las gentes tu existencia. Tu supervivencia a pesar de que no se te ha cuidado mucho para que sigas viviendo. Tu vigor para superar tanta mediocridad como te ha tocado soportar.

Esa "pena negra" lorquiana que forma parte de la leyenda del Sur, ese embrujo trágico que se respira en las historias de Andalucía, es la resultante de muchos Paternas. Pueblos que lloran cantando. Viejos locos que duermen al sol porque saben que despiertos es peor. Que mezclan en sus coplas sus sueños y vivencias y que de todo ello salen historias raras que sólo entendemos los andaluces.

Merece que los poetas hagan con tu historia una petenera clamante para que" El Perro" la cante siempre, porque si es grande la petenera, grande es también la cuna que la parió.

9/10/08

CREACIÓN DEL CONCURSO NACIONAL DE CANTE POR PETENERAS

A continuación reproducimos el punto décimo del acta del pleno extraordinario celebrado el día 24 de Abril de 1972 por la corporación del Ayuntamiento de la villa de Paterna de Rivera, en el que se acordó crear el CONCURSO NACIONAL DE CANTE POR PETENERAS. Formaban la corporación municipal el Alcalde José Moreno Alconchel y los Concejales Diego Herrera Gómez, José Moreno Martínez, Felipe Barrera Tejedor, Antonio Gago Naranjo, Juan Pérez Jiménez, Antonio Pérez Pérez, Francisco Romero Mota, Antonio Ruano Rosado y Manuel Ruano Rosado, siendo el Secretario Ubaldo Nuño de la Rosa Morjelina.


"DÉCIMO: CONCURSO SOBRE ARTE FLAMENCO. PETENERAS

El Sr. Alcalde hizo mención ampliamente a nuestra canción popular “La Petenera” a quién se le atribuya su nacimiento y cuyo nombre dicen derivarse de estas tierras, siendo propósito de la Alcaldía elevar esta copla y extenderla por toda España. Todos los reunidos manifestaron con júbilo la propuesta y por unanimidad se acordó:

1º.- Acordar en firme la creación de un concurso anual de Peteneras, con carácter nacional a base de cantos, bailes y guitarras relacionados con la Petenera.

2º.- Que dado por asentado la organización de este concurso, se constituya una comisión especial, requiriendo los componentes de Fiestas y Festejos tenientes de alcalde y la cooperación de dos flamencólogos.

3º.- Patrocinar la iniciativa de este ayuntamiento estableciendo tres premios en metálicos consistentes en 15.000, 10.000 y 5.000 pesetas y ponerlo en conocimiento de los Ilms. Sres. Presidente de la Diputación Prov. Y Delegado Sindical de Información y Turismo.

4º.-Autorizar a la Alcaldía para cumplimentar los demás requisitos legales que sean necesarios y sufragar, en principio 30.000 ptas. con cargo a la partida 2.1405 del presupuesto corriente."

8/10/08

COMO SURGIÓ LA FIESTA DE LA PETENERA

Artículo de SERAFÍN GALÁN ZOTANO publicado en la Revista "El Alcaucil" Nº 1 de Paterna (Cádiz) en Noviembre de 1988.
La idea de contar esta pequeña historia de cómo surgió la Fiesta de la Petenera me la dio la portada del primer número de esta revista y una conversación con el Director de la misma. Así que aquí estoy, amigo lector, dispuesto a contar mi verdad sobre como se hizo la Primera Fiesta de la Petenera.

Dos o tres años antes de poderse llevar a buen fin el Concurso se me ocurrió la peregrina idea de organizar un Certamen Flamenco en nuestro pueblo

Por aquel entonces era yo un “fiebre” del flamenco y asiduo acompañante de mi amigo Antonio Pérez “El Perro” a todos los festivales en los que actuaba, que eran muchos a lo largo del verano.

Recuerdo que por aquellos años era un joven inquieto y metido en todos los “fregaos” que en Paterna se organizaba por lo que era bastante conocido en el pueblo, cosa que ahora, por desgracia para mí, no ocurre, ya que ni soy tan conocido ni tan joven, pero seguro que muchos me conocen y otros ha oído hablar de mí. Omo decía antes acudía entre bastidores a muchos festivales con lo que fui aprendiendo los entresijos de estos tipo de espectáculos, así que un buen día cuando consideré madura la idea y con la espontaneidad y osadía de los jóvenes le propuse la idea al Sr. Alcalde Don José Moreno Alconchel al que, quizás por la sorpresa o por mis pocos años , no le gustó la idea, pero yo no me di por vencido y seguí insistiendo hasta que un buen día, creo que fue en una fiesta del Pilar, el Sr. Moreno Alconchel me dijo que hablara con mi compañerote profesión José Martínez a la sazón teniente de alcalde. Comprendió mi idea y hasta kl mejoró con la experiencia que él tenía de los concursos que se hacían en su tierra (Murcia).

Enseguida llegamos a la conclusión de que deberíamos hacer un CONCURSO NACIONAL DE CANTE POR PETENERAS, por lo que yo debía confeccionar una proyecto y un presupuesto que él llevaría al pleno del Ayuntamiento.

Aunque tuvo que vencer algunas dificultades al final consiguió una subvención de 30.000 Ptas. y la creación de una comisión que estaría presidida por el Alcalde y formada por José Martínez, Juan Gago y Serafín Galán; puede que algún otro pero a la hora de la verdad quedó reducida a nosotros tres, pero siempre con el respaldo del Sr. Alcalde que tuvo que soportar presiones para que nuestra comisión trabajase independientemente del Ayuntamiento.

Puestos a trabajar y luchar comenzamos los tres miembros de la comisión. Pepe Martínez con su entereza, su tranquilidad y personalidad era el que apaciguaba los ánimos; Juan Gago, mi gran amigo, mi inseparable amigo de aquel tiempo, era el que llevaba el control de gastos de una forma que debería servir de ejemplo a los organizadores de cualquier evento; y yo que me movía en los ambientes flamencos cosa que mis dos compañeros y amigos hicieron después.

Confeccionamos las bases, buscamos concursantes enviando cartas a las peñas, pegamos carteles por bares y ventas de toda la provincia, montamos y decoramos el escenario, visitamos peñas, emisoras de radio, organismos oficiales y también colocamos las sillas, creo que no nos faltó nada más que cantar, pero conseguimos que todo saliera a la perfección.

Quiero dejar bien claro que aunque la idea fue mía si Pepe Martínez, Juan Gago y en la sombra Don Diego Herrera (q.e.p.d.) y el Sr. Alcalde Don José Moreno Alconchel el Concurso, así era como lo conocíamos no hubiese llegado a “nacer”.

También desde estas páginas deseo agradecer a Pepe Marín, buen amigo y gran profesional de la radio su esfuerzo en este primer concurso, creo que todos en Paterna le debemos algo a Pepe Marín, para él que la Petenera era algo suyo y entrañable.

Así, amigo lector, que hasta aquí has llegado fue como surgió lo que ahora está hundido, porque hubo tres personas sensatas, que luchamos juntos para conseguir lo mejor para nuestro pueblo, sin ánimo de lucro ni de honores, pero sí luchamos por l Petenera fue por que era el alma de nuestro pueblo y solo al final quiero dejar bien claro otra cosa si los que se hicieron cargo de la Petenera hubiesen seguido el camino señalado hoy no nos estaríamos preguntando.

Y este año, ¿habrá Petenera?


4/10/08

¿Por qué razón las peteneras se llaman así?

Este pequeño artículo apareció en la sección “Averiguador Universal” del semanario madrileño ALREDEDOR DEL MUNDO Nº 491 publicado el 28 de Octubre de 1908, en la que los lectores remitían preguntas interesantes sobre Historia, Geografía, Filología, Historia Natural, etc. que otros lectores contestaban. Como puede comprobarse Ramiro del Castillo prácticamente reproduce la respuesta que “Demófilo” expuso en su antológico libro “Colección de Cantes Flamencos”.


A la 4810.- ¿Por qué razón las peteneras se llaman así?

Las peteneras fueron inventadas por una célebre cantadora de flamenco que allá en los comienzos del siglo pasado hizo mucho furor en Andalucía, y a la que se conocía con e apodo de la Petenera.

Este curioso nombre debíalo la cantadora al hecho de ser de Paterna de Rivera, provincia de Cádiz. Ya se sabe que el vulgo de aquella española no es del que habla un castellano muy castizo. No solamente emplean palabras extrañas a nuestro idioma, si no que las de éste las desfiguran al pronunciarlas de modo lamentable. Así dicen “dejince” por esguince, y “beriera “por vidriera. Del mismo modo, a la cantadora de Paterna, cuyo verdadero apodo era Paternera, convirtiéronla unos en “Peternera” , otros en “Patenera”, y los más en “Petenera”, que fue la forma que subsistió.

Hay quién cree que dicha cantadora era cubana y también quién la supone malagueña, pero si admitiésemos cualquiera de estas hipótesis, no tendría razón de ser su primitivo alías de “Paternera”.

Aunque nada tenga que ver con su origen del nombre, puedo añadir que el célebre cante andaluz tardó mucho en hacerse popular, no poniéndose de moda en Sevilla hasta el año de 1879.

Madrid. RAMIRO DEL CASTILLO.

2/10/08

EN TORNO A LA PETENERA

Artículo publicado en DIARIO DE CÁDIZ por Fernando Quiñones (desconocemos la fecha)

Como el fandango (puesto que, al fin y al cabo, al igual que las malagueñas o las granadinas, las cartageneras o las rondeñas, no es más que un fandango evolucionado y transformado), la petenera y su calidad se parecen al arroz en que saben a lo que se le eche, al modo de aquel “excipiente neutro” de que nos hablaban las viejas etiquetas de farmacia y que sólo servía para depositar en él las sustancias valiosas y efectivas que acompañaban al producto. Si hay casta en el “cantaor”, si hay fondo de cante en él, la petenera quedará potenciada y engrandecida por su arte; si no los hay, no pasará de ser un objeto menor, extraviado en el enorme almacén del flamenco.

Después de su muy posible y mítica creadora, “Dolores la Petenera» (dicen que de nuestra Paterna de Ribera) y del ensanchamiento con que, en las primeras décadas de este siglo, le aplicó 'Pastora Pavón “Niña de los Peines”, su enorme personalidad, la petenera tiene en nuestros días intérpretes muy valiosos; creo que el primer “resurrector» del género, el que, en la postguerra y a mediados de los cincuenta, la extrajo y expandió todas sus posibilidades, fue el jiennense Rafael Romero, a través de aquella célebre y aún vigente ..Antología del Cante Flamenco», que fue la primera recopilación importante de los distintos géneros y que obtuvo en París el I Premio de la Academia del Disco. Actuales y excelentes intérpretes de la petenera, los hay en cantidad. Quiero acordarme, en justicia y no en amistad, de Pepe Menese, y de Luis de Córdoba, que también las hace muy bien; no digamos, en lógico peso de responsabilidad y patria chica, de “El Perro de Paterna”.

Y la petenera tiene un sitio largo en la poesía y en la narrativa españolas. Tal vez porque, aparte de los buceos etimológicos (al parecer descaminados) paternera-petenera, su nombre suena y sabe a pueblo, a limón y a cuchillo. Al parecer Arcadio de Larrea, el su último libro “El flamenco en su raíz” (Editora Nacional) desliza datos y sugerencias como para hacernos sospechar que la petenera pueda tratarse de un estilo más deslocalizado y más antiguo de cuanto lo veníamos pensando. Pero, al margen de ello, y lo que por fin importa, es la breve y bella entereza de este cante, sea a petenera “sencilla” o la “doble”, aquella de la “Niña de los Peines”. En realidad y como ya se dijo:

“No hay cante chico no grande
lo que cuenta es la grandeza
de quien lo vive en las carnes”

23/9/08

LOLA FLORES DEBUTÓ EN PATERNA DE RIVERA


Lola Flores, la Faraona, debutó artísticamente en Paterna de Rivera en 1935, con tan solo 13 años (si tenemos en cuenta que nació en 1922). Era la primera vez que se subía a un tablao a bailar ante el público, y parece ser que áun no dominaba muy bien el arte. En un cine de verano de Paterna la artista inició su carrera bailando unas bulerías de la mano de Tio Gregorio "Borrico de Jerez", que también debutaba ante público. Formaban también parte de la compañía que actuó ese histórico día, Paco Cepero, Paco Espinosa, Juan el Batato y Luisita la de Torrán. Lola era una niña y viajó hasta Paterna acompañada de su madre. Nos da la noticia el propio cantaor jerezano Tío Gregorio Manuel Fernández Vargas "El Borrico de Jerez" en una entrevista publicada en 1981 en la Revista CANDIL Nº 15, y posteriormente en su libro biográfico "Recuerdos de Infancia y Juventud" recogidos y ordenados por José Lís Ortíz Nuevo en 1984.
Pero no sería la única vez que Lola Flores bailara en Paterna, fueron numerosa las ocasiones en que la Faraona actuaría en nuestro pueblo antes de consagrarse. La última vez que nos visitó fue como artista invitada del VI Concurso Nacional de Cante por Peteneras el 23 de Julio de 1977.



ENTREVISTA A TIO GREGORIO, EL BORRICO DE JEREZ


Por último, en su larga vida le habrán ocurrido multitud de anécdotas relacionadas Con el cante, ¿quiere contarnos alguna?

-Ya se puede usté figurar lo que a mí me ha pasao. Cuando salió la primera vez Lola Flores, yo iba a cantar .

Su padre tenía un tabanco en la calle de La Párraga, que cruza. Y allí iba yo con Espinosa -ese que te he contao que está en Barcelona-, El Batato, Chica y Cepero el chófer, el padre de Paco Cepero. Ibamos a enseñar a Lola, El Batato, que era bailaor, le enseñaba unas patás y eso... El padre nos ponía media botellita pa los cuatro y un platillo de aceitunas con siete aceitunas. Me acordaré toa mi vía!
Me acuerdo que llegó un señó que tenía una fábrica de esas de los helados, de bizcochos de esos de los helados, y nos llevó la primera vez a Paterna de la Ribera. ¡Un corral de cabras! ¡Nos metieron en un corral de cabras... donde metían a los animales! Total, que ya estamos aquí, ¡ea! La Lola se vestía en una pajera que había una puerca echá allí en la paja. Yo y El Batato cogíamos una sábana por los picos pa que se vistiera... Y la madre, «que nadie mirara a la niña». Me acuerdo que me decía la Lola, «Tío Borrico, ¿me morderá la cochina ésta?». No la toques, no la toques que está echá mu a gusto. Total, a bailar, Lola. Entró mucha gente, y había un gachó que estaba delante de las sillas...y tenía una cosa metía en la chaqueta, yo dicaba un bulto... ¿Qué tendrá el gachó ahí metío? y me dice el tío: «Como no cantes bien te voy a endiñar en los ocicos con esta tostá que tengo aquí metía con aceite». Entonces se me acercó un civil preguntándome qué me había dicho; claro, yo le dije que na; pero él lo echó a la calle. Ay, y yo le dije al civil: ¿pa qué lo ha echao usté a la calle, no ve usté que cuando salga de aquí sí me da entonces con la tostá?

Yo he estao en un follón de sitios así, cantando por soleá y por siguiriyas, siguiriyas de Paco la Luz... Y todavía canto, y todavía me quea que cantá.


TIO GREGORIO "BORRICO DE JEREZ". Recuerdos de infancia y juventud. Recogidos y ordenados por José Luís Ortíz Nuevo. Junta de Andalucía. Diputación de Cádiz y Ayuntamiento de Jerez. Gráficas del Exportador. Jerez. 1984. Pág. 54.

Entonces tenía yo veinticinco años y era la primera vez que yo canté al público, la primera vez que trabajé en una compañía. Que eso fue en Paterna de la Rivera, Espera y Olvera; con Paco Cepero, Paco Espinosa, El Batato, Luisita la del Torrán, y Lola Flores. La primera vez que bailó Lola Flores en un tablao, que, por cierto, le canté yo por bulerías y hasta se perdía en las patas, que por eso iba El Batato, pa enseñarle los pasos y las patas que tenía que hacer, porque El Batato era cantaor pero también bailaor, que se llamaba Juan El Batato.

Y el debú lo hicimos en Paterna. Era como un cine de verano, y allí, cuando se terminaba el espectáculo, encerraban las cabras y eso, ya ves como estaría aquello.

Y se presenta en la fila delantera un señor y cuando salí a cantar cuando me tocó el turno de cantar, me dice el tal: «¿Qué va usté a cantar?», «El fandango de Cepero», le digo, «Pues si canta usté bien le vi a regalar a usté una tostá».Pero yo me fijé un poco en el bulto que traía el gachó aquel, y no tenía aquello forma de tostá; y a un guardia civil que había al lao mío, le digo: «Haga usté el favor de registrar a aquel señor, a ver lo que tiene». Lo registró y tenía un ladrillo gafas: «Esto era una broma, era por si cantaba bien, regalarte una tostá en mi casa, una tostá de veras en mi casa», y digo yo: «Sí hombre, vaya con la tostaíta que me tenías prepará». Y veo al guardia civil que lo iba a echar a la calle, y le digo: «No, no lo eches porque cuando salga a la calle me va a hinchar».

Peteneras, reses y aguas medicinales

Artículo publicado en Diario de Jerez el 1 de Agosto de 2008

PATERNA DE RIVERA

Esta localidad de 5.000 habitantes se encuentra enmarcada en la comarca de La Janda y dentro de la Ruta del Toro. Su antigüedad y la fertilidad de sus tierras la han convertido en un rincón destacado de la provincia.
A tan sólo 42 kilómetros de la capital gaditana, encontramos unas tierras habitadas desde el neolítico y la Edad de Bronce, por las que han pasado bizantinos, musulmanes y visigodos. Se han encontrado enterramientos, mosaicos y monedas testimonio de los asentamientos romanos en la zona.
Antes de la fundación de la villa con la institución del ayuntamiento en 1503, fue propiedad de los Enríquez de Ribera, señores de Alcalá de los Gazules. La esperada independencia de la localidad alcalaína llegará tres siglos más tarde. Desde entonces hasta la actualidad, Paterna ha ido reuniendo un patrimonio y señas de identidad propios.
Si hay algo que identifique a la localidad, es el cante flamenco creado por su vecina más ilustre Dolores 'la paternera', aunque existen muchas dudas sobre su vida. Como homenaje, el pueblo alzó un monumento con su imagen en la plaza a la que también da nombre. Por este mismo motivo, Paterna celebra todos los años el Concurso Nacional de Cante por Peteneras, de gran prestigio dentro y fuera de España.
A tan solo seis kilómetros de la localidad, podemos encontrar el castillo de Gigonza que en 1949 fue declarado Bien de Interés Cultural. Este monumento de planta cuadrada fue construido por los musulmanes en el siglo XII o XIII sobre un antiguo asentamiento romano. Cerca del castillo se encuentran los baños de aguas sulfurosas de Gigonza, que junto a la Fuente Santa, constituye un lugar de encuentro de los paterneros durante la época de baños entre junio y septiembre. Las propiedades medicinales de las aguas de la zona han hecho que se conozca como el 'valle de los baños', que tuvieron su momento de máximo esplendor durante el siglo XIX, aunque también atraían visitantes de épocas antiguas. Además de las propiedades curativas de sus aguas, este entorno es ideal para practicar deportes como el senderismo.
La calidad de su ganado hace famosa la Feria de la Primavera, y el Campeonato Nacional de Doma Vaquera, en la que se puede admirar la belleza de la raza hispanoárabe.
Más información sobre Paterna de Rivera y su entorno en el teléfono 956 416524.

21/9/08

CÁDIZ. TEATRO DEL BALÓN. 21-DICIEMBRE-1826


DIARIO MERCANTIL.

Función particular a beneficio de Luis Alonso, primer bolero... Concluida la comedia el Sr. Alonso con una de sus discípulas bailará la nueva petenera americana.

18/9/08

El compás de un cantaor en broce


El día que me encargaron la realización de un busto del Niño de la Cava el ánimo se me trocaba –sin solución de continuidad – desde la alegría a la contenida tristeza. Todavía estaba fresco el dolor de su muerte al filo de cumplir los setenta y dos años de vida. Aún había mucha frescura en el cuerpo y ganas de cantar y vivir. La última vez que lo ví andaba ya el hombre tristón, presentía que por las entrañas rumiaba una “cosa” mala .


Se me quedó en la retentiva –nunca se me despintará- su última sonrisa, su ultima mirada triste herida por la melancolía al pie de su venta la Petenera, un sagrado lugar flamenco con las paredes a reventar de fotografías y recuerdos.”Es mi museito”, solía decir.

Tenía ante mí un reto: revivir y vivificar o fortalecer la memoria de la figura de un humilde cantaor y amigo. “Vivificar las cosas para la posteridad poder fue de unos ojos que nunca han sido viejos”, viene a cuento Miguel Hernández.

Darle vida a una persona a la que has tratado más de treinta años ¿Por donde empezar? Se me vino a la mente un maremagnum de imágenes caleidoscópicas del cantaor y luego me sumí en una duda inquietante adobada con una especie de grito silencioso. Así que determiné darme un paseo por el tiempo y la vida de Francisco Guerrero Jiménez, también conocido como Niño de la Cava y Frasquitín. Dos apodos con claros aromas de Peter Pan. (el niño que siempre quiso ser niño). De manera que el cantaor paternero le llamaron siempre – de por vida – como si fuera un zagal. Pero un niño con el drama interior de un hombre que canta lo vivido.

Nació el cantaor en 1933, (cuando el drama anarquista de Seisdedos y el paisano Miguel Pérez Cordón y la Libertaria y un puñado de campesinos que murieron abrasados pidiendo un cacho de tierra ). Niño yuntero en la posguerra buscando el pan en las raíces de la tierra. Cada espiga un bocado de pan moreno. El pan del mismo tono que los cueros trabajados del cuerpo. Ya con mucho reloj y lluvia encima le oí decir al cantaor : “Si uno no hubiera provenío del campo, a lo mejor no fuera cantaor o me hubiera expresao de otra manera”. En la soledad de la besana – entre surcos – nacieron los primeros cantes y las primeras letras con sabor campero (temporeras, fandangos, trilleras, serranas, jaberas…). Le llegó la hora de canjear las lonas por traje de buen corte. El botillo campero por la bota flamenca. Bolos por los pueblos. Llegó a actuar en Londres. Cinco discos grandes conteniendo su enciclopedia sonora del cante (peteneras, colombianas guajiras, fandangos, seguirillas, bamberas ,martinetes, farrucas…) No voy a entrar en juicio de valor sobre el cante del Niño de la Cava, para eso están los entendidos y sentidores del flamenco. Pero si puedo decir que el cantaor paternero era largo, tocaba todos los palos y poseía una voz natural con mucha intensidad y drama. Le daba su acento personal a la esencia del cante antiguo. Conmovía verlo cantar en vivo con su fuerza arrebatadora; un grito antropológico. Cuando se rajaba la voz era cuando más duende tenía. Tenía Frasquitín la misma creencia de aquel guitarrista que un día le dijo a Federico García Lorca: “ El duende no está en la garganta; el duende se sube por dentro desde la planta de los pies”. Al torero gitano Rafael de Paula le oí decir casi los mísmo : “ El duende entra por la palma de la mano”. ¿Contradice alguien?

A Francisco Guerrero “Niño de la Cava”, le vino el reconocimiento en vida: una calle, un libro Lamento de un hombre del campo (editado por el Alcaucil), muchos premios y sobre todo el afecto de su pueblo .

Ya tiene el cantaor en su Paterna de Rivera, su retrato en bronce. Otra vez la mirada triste y profunda y el rictus amargo presto a arrancarse por soleá; el cante de la vida, el amor, la pena y la muerte. La mirada del El Niño de la Cava era una armonía de contrarios, heraclitana pura: miraba alegre y triste a la vez. El cantaor de la tierra y del aire, y del fuego y del agua que puso voz a la Madre Natura posa ya con todo el tiempo para él. “El tiempo también pinta” en dicho goyesco o lo que es lo mísmo: el tiempo también modela.

El retrato intemporal del Niño de la Cava habita ya al aire libre en una placita de Paterna. Cuando Dolores , la mujer, sintió de cerca el bronce lo acarició llenando la atmósfera reinante de vida y emoción desatada en un mar de lágrimas. Se oyó una voz calladita entre el público .”Está vivo”. Para emocionar hay que emocionarse. La magia del arte flamenco no cabe en el pentagrama .No cabe en el papel. Ni cabrá. Jean Paul Sartre nos viene a decir en su Teoría de la emoción: “ Lo que llamamos emoción es una brusca caída de la conciencia en lo mágico”,

El arte flamenco tiene ya en Paterna de Rivera tres retratos en bronce: Dolores la Petenera, Antonio Pérez “El Perro de Paterna”.Francisco Guerrero “Niño de la Cava” y muy pronto en vida - ¡ como debe ser ! – tendrá su busto Rufino García Cote “Rufino de Paterna” una bondad elevada en su cante y su persona.

La misma noche que descubrieron –entre una bandera de cal y trigo verde – el retrato en bronce del Niño de la Cava se oyó entre el público la voz susurrada de una mujer : ”Se le sale el compás por el semblante”. Esa fue la primera intención del escultor que escribe: darle compás al bronce.
Jesus Cuesta Arana. Revista "El Alcaucil" nº44. Abril 2007

Niño de la Cava. Hijo Predilecto de Paterna


El Jueves 4 de Enero de 2007 el Ayuntamiento de Paterna de Rivera rendía un merecido homenaje a título póstumo a Francisco Guerrero Jiménez, “Niño de la Cava”, nombrándolo Hijo Predilecto de Paterna de Rivera “en reconocimiento a la destacada y meritoria trayectoria artística de tan insigne cantaor, hijo de este pueblo, baluarte de la esencia de arraigados cantes cultivados en nuestra tierra y por su contribución y decidido compromiso por ensalzar y divulgar el Flamenco, una de las expresiones culturales má emblemáicas y significativas de Paterna."

Al acto, que tuvo lugar en un abarrotado salón de Plenos del Ayuntamiento, asistieron esposa, hijos, hermanos, amigos, compañeros del artista y numerosos vecinos de Paterna y representantes de diferentes colectivos locales y provinciales. Los dos grupos municipales, que por unanimidad nombraron a Niño de la Cava hijo predilecto de Paterna, a través de sus portavoces dedicaron palabras de elogio y reconocimiento a tan insigne cantaor fallecido en Agosto de 2005 a los 71 añs. Por un lado JoséMª Barrera hizo una breve semblanza de la trayectoria humana y artítica de “Niño de la Cava”, y Fernando Gallo leyó a los presentes una bonita poesía que su hijo Gabriel le dedicara hace unos añso.

A continuación se le hizo entrega a la viuda del artista, Dolores Mota, de una pergamino de recuerdo y un ramo de flores, quien muy emocionada agradeció tan alta distinción que se le otorgaba a su esposo.

Terminado el Pleno Extraordinario los concurrentes al acto se dirigieron hacia la Avda. Blas Infante, concretamente al espacio ajardinado junto a la Venta la Petenera, que tantos años regentara Frasco, donde se descubrió un busto en bronce del célebre paternero, obra del escultor alcalaíno Jesú Cuesta Arana. El momento se vivió con gran emoción y entre las lágrimas que embargaron a familiares,amigos y asistentes.

17/9/08

XXXV CONGRESO INTERNACIONAL DE ARTE FLAMENCO. C A D I Z, 2007

Extracto de la Ponencia del Profesor y Cantaor Alfredo Arrebola que con el título "EL folclore en los cantes de Cádiz" defendió el 6 de Junio de 2007 en el XXXV CONGRESO INTERNACIONAL DE ARTE FLAMENCO. C A D I Z.

PETENERAS.

No es mi intención desvelar el proceso de acrisolamiento de la “petenera” en su aspecto histórico, literario, folklórico y musical, tema del que se ha hecho más literatua que de ninguna otra forma flamenca, y uno de los llamados a ser – como ya dijera Romualdo Molina en “Flamenco de Ida y Vuelta “pág. 99 (Madrid, 1991) - “piedra de escándalo y motivo de contradicción. Para disfrute de irónicos, se resiste a encajar en cualquiera de las numerosas clasificaciones inventadas por los expertos y desafía toda inclusión racional en esos árboles genealógicos que tanto gustaban hacer los flamenquistas en los años sesenta”. Por eso es conveniente recordar que la petenera, como forma musical arraigada en el solar hispano y antes de su formulación como estilo flamenco, tiene una larga tradición que se remonta a siglos atrás, tal como afirma el Profesor y Flamencólogo Juan Rondón en “ Peteneras de tropicales gaditanías”, cfr. Ganada-Costa, 22 de marzo de 2004. Y es cierto, ya que el Manuel García Matos sitúa su origen y la emparenta con la zarabanda del siglo XVI. Mi experiencia cantaora me ha hecho ver cómo bastantes profesionales y “aficionados” han considerado a la petenera un cante de poca estima; algunos han llegado a negarle su naturaleza de cante jondo. Concepción totalmente injusta. A este respecto, Hipólito Rossy escribe que “.. quizá por creer que es un canto relativamente moderno, atribuirle a una procedencia concreta, y conocida su inventora, tipo no histórico pero sí legendario que probablemente tuvo existencia física en el solar hispano, en una época indeterminada e indeterminabale. Quizá por desarrollarse la copla sobre un ritmo estricto e invariable en el que no cabe introducir los dolorosos ayes que forman el cortejo de la mayoría de las coplas del cante jondo”, cfr. “Teoría del cante jondo”, pág. 255 (Barcelona, 1966). Y má adelante, nos dirá que “es errónea la creencia de que la petenera data del siglo XIX (...) ; el compás en que se sustenta, llamado alterno o de amalgama ( 6 x 8 + 3 x 4) se corresponde con el de algunas villanescas del siglo XVI, aunque hay indicios de que sea de época anterior, como el romance de Gerineldo (siglo XII?) en la versión musical de Arcos de la Frontera”, cfr. op.cit. pág. 259. “Aceptando que dicha melodía, comenta el Profesor Rondón, pudiera ser anterior al año 1.492 ( año de expulsión de los judíos) y moviéndonos en la parcela del romance, bueno será evocar el interpretado por José de los Reyes “El Negro” , (de El Puerto de Santa María), aprendido de niño de su padre, un gitano de Paterna de Rivera, y conocido como “Romance de la Monja”- cfr. “Testimonios flamencos” , CDs, Ed. Tartesos, Vol. 31- en el que se pueden apreciar claramente las características cadencias de la petenera”. Idea totalmente compartida conmigo y manifestada públicamente en mis artículos. He dedicado muchas horas en ver las posibles relaciones de nuestra tradicional petenera con versiones americanas y con las distintas formas que ha tenido en la “Escuela bolera”, en el canto gregriano, y cómo su incorporación al mundo flamenco tendría lugar en Cádiz y su provincia. En la mente de cualquier aficionado está viva la idea de la importancia del puerto de Cádiz para propiciar influjos y mestizajes. Las compañías dramáticas y de baile españolas, sobre todo a partir del siglo XVIII, utilizaban esa puerta marítima para sus trasiegos transoceánicos. Como también es cierto que muchos paises americanos importan la petenera a su acervo de música tradicional, de manera especial México. Por tal motivo los tratadistas flamencos relacionan y vinculan nuestra petenera con la de “allende el mar”. Testimonios , entre otros, los recibimos de Estébanez Calderón- cfr. “Escenas andaluzas” - donde leemos : “... Llega de Cádiz y allende el mar la “estrella de los gitanos”, una cantaora bailaora llamada la Dolores que, como novedades, interpreta una malagueña por el estilo de la jabera y unas coplillas que “los aficionados” llaman peteneras...” (1845). Demófilo, por su parte, nos dirá que “... suele cantarse por lo común la Petenera tan pícaramente que más parece un punto de La Habana que no un cante gitano...”, cfr. “Prólogo” a “Colección de cantes flamencos” (1881). El erudito y folklorista don Francisco Rodriguez Marín dejó escrito en “ABC” (Sevilla, 1897) que “... Había en ellas en su acompañamiento algo del Punto de la Habana no poco de la popular canción de El Paño moruno... Y, finalmente, José García Aparicio dijo en “Flamenco” (Revista de la Tertulia Flamenca de Ceuta, 1973) que “... muchos le atribuían origen hispano-americano basándose en que se ha cantado bastante en Cuba y Santo Domingo (...); se basa esta teoría en que este cante deriva de un hermoso, triste y melancólico cantar de los indios de la comarca guatemalteca del Petén y que, una vez hispanizado, fue introducido aflamencándose posteriormente en Cádiz”. Estas distintas hipótesis sobre la petenera han llevado a Romualdo Molina y Miguel Espín a considerar la petenera dentro de los llamados “Cantes de Ida y Vuelta”, al decirnos que “...cierta tonada peninsular viajó a América con los conquistadores y, una vez arraigada allí, más o menos transculturada y dotada del nuevo nombre de petenera en relación con El Petén, la fórmula regresa a España para aflamencarse gradualmente en la época de los cafés cantantes”, cfr. “Flamenco de ida y vuelta”, pág. 109, Bienal de Arte Flamenco. Sevilla, 1992. Fenómeno que tendría lugar bastantes años después.

Está demostrado históricamente que las peteneras eran cante y baile interpretados en los comienzos del siglo XIX en los teatros de Cádiz, y que “su aflamencamiento” se produce en esta ciudad, tal como lo demuestra el flamencólogo Rondón Rodriguez diciéndonos que “... el jueves 5 de abril de 1827, en el número 10 de la calle Compañía (Cádiz) tiene lugar una fiesta pública con ambientación indudablemente flamenca en la que Lázaro Quintana – omnipresente cantaor en las primeras manifestaciones del Cádiz flamenco; natural de San Fernando – canta las Seguidillas de Pedro La-Cambra, el Sr. López baila el Zapateado y de nuevo el Sr. Quintana interpreta la petenera.... en 1829 , ahora en el Teatro Principal gaditano se celebra un beneficio a favor del primer bolero Luís Alonso , donde aparecerá el Sr. Lázaro Quintana interpetando peteneras. No cabe duda de que asistimos a la aclimatación flamenca del estilo, a su toma de carta de naturaleza, cuando todavía su nombre estaba indisolublemente unido al adjetivo de su procedencia, y cuando aún faltaban algunos años para que Estébanez Calderón se refiriera a la petenera”, cfr. op. Cit. pág. 8.

Esto nos lleva lógicamente a considerar la importancia de la “música popular” en la formación de cantes flamencos . Aquí nos centramos en la Petenera flamenca gaditana, cincelada en Veracruz, llegada a España por Cádiz y resolviéndose en evidentes y propios matices, dejes y melismas por obra y gracia de cantores/as como el ya citado Lázaro Quintana, posiblemente El Fillo, El Planeta y otros muchos que le irán dando el sello flamenco: Niño Medina, La Rubia de Málaga, Chacón, Juan Breva, Manuel Torre, Niña de los Peines, Pepe Marchena, Niña de la Puebla, Naranjito de Triana , etc...., o bien la petenera flamenca de Paterna de Rivera – provincia de Cádiz - fundamentada en cualquier antiquísima tonada judía, ajena a las influencias de ultramar, en que se expresara musicalmente un romance popular , etc. para convertirse en un cante flamenco. Con esta brevísima reflexión también podríamos hacer ver la “ falsedad” que corrió durante bastantes años entre muchos ¿flamencólogos? , sin duda influídos por las tesis de Ricardo Molina y Antonio Mairena, de la inventada “etapa hermética” del cante. Nosotros le aplicamos el principio filosófico “Quod gratis asseritur, gratis negatur”. Nada más lejano, ya que la Flamencología nos dice que en el Cádiz de principios del siglo XIX – como en otros lugares – tanto en teatros como en otros escenarios, los artistas flamencos – payos y gitanos – se desenvolvían entre comedias, sainetes, tonadillas, bailes y piezas cortas y cantaban, bailaban y tocaban todo lo que estaba a su alcance y, además, cobrando por ello. El folklore y el flamenco jamás fueron extraños a los andaluces, así lo demuestra la literatura popular y clásica arrancando en el siglo XVII con el mismísimo Miguel de Cervantes.

PRAXIS: Interpretaré con el guitarrista varios estilos de Peteneras : Rubia de Málaga, Chacón,
Juan Breva, Niño Medina, Niña de los Peines ....
AUTOR: Alfredo Arrebola. FOLCLOREYFLAMENCO.COM

Bonitas canciones para cantar Peteneras


Publicación impresa en Barcelona a finales del siglo XIX con letras de peteneras


16/9/08

MÚSICA QUE SE ANTOJA NAVEGAR


Petenera es una de esas palabras con la que deberíamos, por lo menos, estar familiarizados. Es una palabra mágica. De ella no puede establecerse un significado exacto, pero existe. La única certeza respecto a la palabra petenera, es que se encuentra inevitablemente ligada a lo musical, su pronunciación es en si misma una poesía: Petenera petenera.

Deberíamos estar familiarizados con ella porque es, con todo y el misterio que envuelve a su origen, un concepto fundamental en el glosario de la tradición musical de nuestra región. Junto al Fandanguito y a la Malagueña, es uno de esos huapangos cuya armonía incluye algunos acordes menores, lo que le brinda un aire nostálgico, elegante. La petenera es uno de los sones huastecos más fáciles de identificar, sin duda, uno de los más bellos, y además evidencia irrefutable de la genealogía andaluza, gitana, de la música huasteca.

Desde España, donde los cantes flamencos son objeto de muchos y muy serios estudios antropológicos, llegan a nosotros diversas teorías sobre el origen de su Petenera, la petenera que vía marítima llegó a nuestro Golfo de México para transformarse en otra, tan distinta que sólo el nombre podemos reconocer.

Se dice por ejemplo, en la investigación musical de España, que el cante de la petenera tiene un origen sefardí, judío. Para decir ello se basan en esta copla, una de las más populares de la Petenera flamenca: ¿Dónde vas bella judía?/ tan descompuesta y a estas horas/ voy en busca de rebeco/ que está en la sinagoga

Otra de las teorías (ésta con menor aceptación) es la que encuentra en este cante, un origen antillano, cubano para ser preciso; por un verso que también hace referencia a la Habana; algunos otros haciendo uso de la disciplina etimológica, explican que se trata de una mujer del Petén, una región ubicada entre Yucatán y Guatemala.

Sin embargo, la versión más aceptada es la que habla de una cantaora muy popular en el siglo XIX nacida en Paterna de la Rivera, en Cadiz; era pues paternera, patenera, petenera finalmente.

Lo cierto es que en nuestra Huasteca, la Petenera es cantada por los trovadores sin importar demasiado el significado exacto y el origen de la palabra. La petenera huasteca, es un son íntimamente relacionado con el mar. Juan Jesús Aguilar en su “Trovadores Huastecos tamaulipecos” explica los cantos de la petenera como “pescadores y marineros por excelencia, alusivos a desvíos de la ruta geográfica… es un canto matriz muy de la costa donde siempre aparecen sirenas encantadas y encantadoras”.

Cierto es. La aparición de una mitológica sirena resulta fascinante. En relación a este hecho, podemos comentar sobre la existencia de un relato nahua de la Huasteca, donde una inmensa sirena, junto con un xili* se postran en lo más alto de un cerro y con sus movimientos provocan terribles inundaciones. Sin atrevernos a establecer una relación entre este personaje y el de la petenera, si podemos apreciar que la figura de la sirena está presente invariablemente en la mitología de la región huasteca.

No hay una sola versión de la Petenera que no mencione a esa sirena que a los marineros encanta para robarles el alma. En algunos versos, la petenera es propiamente una forma de nombrar a la sirena, para otros versadores, la petenera es el son que cuenta la historia de la sirena.Destapar aunque sea un poco el baúl que contiene las mil historias que se refieren a la Petenera, es asomarnos a un mundo en el que las maravillas y los encantos de las sirenas nadan sobre las olas de un fantástico mar.

No será esta la primera vez que lo invite a acercarse a la música huasteca, por principio de cuentas, pero también a toda la música original de nuestros pueblos latinoamericanos; así por ejemplo, la próxima vez que por alguna circunstancia usted se encuentre frente a un grupo de son huasteco, y tiene la posibilidad de hacer alguna petición, por el amor de Dios no pida una canción ranchera o norteña, pida una Petenera, le garantizo que el trío la tocará con gusto, y usted quedará prendado de por vida a la magia de este son marinero.

*xili: acamaya de río
Autor del artículo: Miguel Domínguez.